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Adentraos lectores incautos en un mundo imaginario,fansasioso, duro, feliz, amargo y realista. Mis textos abarcan muchos temas, pero si quereis que escriba sobre algún tema en concreto enviadme un mensaje. Además de textos, una novela en proceso, donde nada es lo que parece y las apariencias engañan... Así que, queridos lectores, os invito a leerme.

12 Nov

Las Aventuras De La Princesa Lilia: El Comienzo

Publicado por Carla Cat  - Etiquetas:  #Novela

404773_209566529141879_100002656016906_376879_389577186_n.jpgEn el continente de Armalán, existe un reino llamado Icekalia.

Icekalia es un paraíso idílico donde el sol brilla con fuerza durante el año, las temperaturas son agradables, aunque tremendamente frías en invierno, los pájaros cantan, la naturaleza florece y los humanos conviven en paz y harmonía, dando lo mejor de sí mismos en cada momento, gracias a su sabio y benevolente gobernante, el rey Elodin.

Icekalia, pese a ser un reino pequeño, jamás ha sido conquistado.  Su situación geográfica, rodeado de escarpados picos, frondosos y salvajes bosques y una estrecha costa hecha por el delta del rio Whert le ha protegido siempre de las invasiones extranjeras, a esta tarea de defensa hay que sumarle la imperiosa neutralidad en los conflictos externos que siempre ha defendido su rey. Esta neutralidad también ha hecho que Icekalia sea un punto importante en las rutas comerciales del norte, ya que el rio Whert es navegable hasta la capital del condado, Lake.

En Lake se puede encontrar de todo, desde las mejores pieles del mundo conocido hasta exóticas frutas y armas. Por desgracia para las gentes de Icekalia, en invierno el frío y el hielo provenientes del norte dejan incomunicada la región excepto por unos pocos pasos a través de las montañas del sur.

Tal riqueza hizo que Lake se convirtiese en la capital del reino y la residencia del rey, el cual construyó el castillo de O’Godins, situado en un islote en medio del rio Whert, siendo infranqueable para proteger a los habitantes del reino. Junto al rey vivía su única hija, la princesa Lilia

La princesa Lilia no es la típica princesa de cuento, de aquellas de las que se ponen a hacer puntilla, de las que se visten de rosa, se quedan delante del espejo peinando su pelo o de las que suspiran en sus ventanas esperando a que llegue su príncipe azul. No se queda a tomar el té con las amigas (aunque en ocasiones especiales sí lo hace, pero por obligación). Es una chica la cual respeta e intenta seguir las normas, aunque depende de la situación no duda en saltárselas. Aunque es un poco rebelde. Le gusta ir a su aire y si la molestan, o la interrumpen en algo que está haciendo, a veces no duda en sacar su mal genio. Poca gente la ha visto enfadada de verdad, y cuando se enfada, da miedo. Aunque sus enfados no duran mucho. Monta a caballo (ha participado en alguna cacería pero no le gusta esta práctica, de hecho la odia) y le encantan los animales. Hace tiro con arco, a veces incluso práctica con la espada, y no duda a la hora de hablar con la gente de su pueblo, jugar con sus niños e irse a un lago a leer al lado de un árbol o simplemente descansar.

Lilia es una chica soñadora y romántica, a la cual le gusta la literatura, la música y dibujar. Es un poco egoísta, y si las cosas no le salen bien, como ella quiere, se cabrea y lo deja todo. No tiene constancia para casi nada. Es un poco fría, orgullosa y desconfiada, fruto de su timidez y de todo el daño que le han hecho, y normalmente confunde el cariño con el amor. Ha tenido pocos amigos, y los que tiene, son mayores que ella, más pequeños o adultos. Se lleva muy bien con los niños pequeños, con la gente anciana y con la gente de más edad que ella, aunque la paciencia no es su fuerte. Su mentalidad suele ser un poco más madura que la gente de su misma edad. Valora mucho tanto la amistad como el amor, aunque apenas ha tenido experiencias amorosas y si le fallan, ella lo recordará pero nunca dejará su apoyo de lado, a no ser que haya sido muy dolida y ella decida que es mejor cortar tanto la relación como el contacto. Aun así, intenta dar más de lo que ella puede dar e intenta esforzarse al máximo en una relación. Cuida mucho sus amistades. Pero cuando todo es lo que no parece, cuando la mentira o el engaño han sido descubiertos, se decepciona bastante rápido. Odia las traiciones. Aunque perdona rápido. Es muy emocional y sensible. En parte no le gusta dejarse dominar por las opiniones de los demás, pero se deja condicionar. Se preocupa mucho por el qué dirán. Mentalmente es un poco débil, no le gustan las aglomeraciones de gente y aguanta muy mal la presión.  Le encanta disfrutar de la naturaleza, aunque a veces por su inexperiencia y por su impulsividad ha ocasionado algún que otro problema…

Entonces cansada de la monotonía de su pequeño valle decidió embarcarse en un viaje. Pero no era fácil.

Pero había un motivo más profundo para irse, para huir. El rey Elodin era conocido por su implicación con el pueblo, ayudándolos e intentando hacer lo mejor para ellos. Pero desatendía a su hija, a Lilia. Es más, cuando estaba con ella, apenas le dirigía la palabra. Asimismo, solo la veía cuando él quería, y cuando Lilia no podía verlo él se enfadaba. La presionaba mucho, tanto en los estudios como en ser alguien perfecto, alguien sin errores. Orgulloso, manipulador y egoísta, Elodin pagaba toda su rabia hacia Lilia, ya que no tuvo el hijo que quería. Si, cuando Lilia era pequeña, Elodin era el padre perfecto. Pero, a medida que pasaba el tiempo, su padre fue cambiando. Coincidió en el momento que una extranjera, una bruja, entró en el valle. Se llamaba Cassandra. Era una bruja de aspecto joven y de mucha labia. Sedujo al rey Elodin, el cual al poco tiempo la tomó como esposa. Hizo que la madre de Lilia abandonara el castillo y se fuera a vivir en una casa normal, cosa que la madre nunca aceptó. Y ahí fue cuando todo se torció. Problemas con su padre, problemas con su madre… Desde la llegada de Cassandra, la vida de Lilia cambió. Ya nada era lo mismo. El amor paterno parecía haberse esfumado.

Fue pasando el tiempo. El rey apenas hablaba con Lilia, ni siquiera se molestó en conocerla. Lilia fue creciendo, adoptando una actitud muy diferente a la de una niña normal. Con el tiempo, aprendió a arreglárselas sola, a no pedir ayuda. Lilia siempre anhelaba que su padre cambiara, pero eso nunca pasó.

Siempre agobiada, encerrada, Lilia luchaba por no sentirse sola. Nunca tuvo apoyo familiar.

De pequeña le habían leído muchos libros de otros países, de otros lugares, muy lejanos, de personas que hacían sus vidas en un sitio diferente, con costumbres muy distintas….viendo paisajes maravillosos, espectaculares.

Cuando llegó el día para partir, el rey Elodin no lo permitió. Es más, guardó todas las cosas de la princesa en el sótano y la encerró en su habitación, con escoltas en las puertas. Sin ninguna razón aparente.

-¡Papa! ¿Qué haces? –dijo Lilia

- ¡Velar por tu seguridad! –Respondió el Rey Elodin.

-Pero, ¿por qué? –chilló Lilia indignada

- ¡Porque no puedes ir ahí fuera! ¡Hay muchos peligros y tu no puedes salir! ¡No te lo permito! –respondió el rey

Lilia no lo entendía. ¡Su padre nunca se había comportado así! Aunque no es que su relación fuese muy buena…desde hace años.

 Como no tenía ganas de preguntárselo a su padre, pues estaba enfadada con él (y sabia lo que iba a pasar), le pidió a su doncella personal (Karin la cual ha estado en la familia real desde que Lilia tenía 12 años) que investigue y se enterase de que pasaba exactamente.

A cada día que pasaba, Lilia se agobiaba cada vez más. Pintó cuadros (que mas tarde fueron expuestos en una gala real), escribió hermosos poemas y intentó cantar. Nada le funcionó. Nada le ayudaba a superar el agobio, la soledad, el hecho de no poder estar fuera, y escuchar el viento, notar el sol…

Karin hacia todo lo posible para que Lilia no se aburriese. Harta de verla tan triste, Karin le propuso a la princesa sobre hablar con el Rey, para intentar convencerlo para lo de volver a iniciar el viaje.

Casi al borde de un ataque de aburrimiento, Lilia y Karin pidieron audiencia con el Rey Elodin.

 -Adelante –dijo Elodin.

 Lilia y Karin entraron en el salón real.

 - Rey Elodin–dijo Karin -. Queremos pedirle algo

 -¿El qué? –dice el Rey.

 - ¿Podría dejar que Lilia se fuese de viaje? –Dijo Karin-. Ya es lo suficiente mayor para embarcarse en él

- No –dijo Elodin.

 -¡Papá! ¿Por qué no me dejas? –imploró Lilia

- Simplemente por el hecho de que eres demasiado joven, demasiado vulnerable… demasiado manipulable –dijo el Rey Elodin.

 -Claro…entonces, cuando viajamos a Katar, ¿Por qué me dejabas ir por el pueblo, merodeando por el mercado? ¿No tenía más peligro a esa edad? –soltó Lilia, enfadada.

Los sirvientes, menos Karin, salieron del salón para dejar que la disputa familiar se arreglase y se calmase.

- ¡Eso da igual! –Gritó el Rey Elodin-. ¡Hasta que no te cases con un noble príncipe, no saldrás de aquí!

- ¡No pienso casarme! ¡No me puedes obligar a ello! –chilló Lilia.

Entre chillidos, tanto Lilia como Elodin no se daban cuenta de una presencia que les observaba. Una presencia difícil de distinguir, un susurro…

-Bueno, parece que aquí hay una pequeña discusión –comentó una voz.

Lilia y Elodin miraron hacia la zona de donde provenía la voz, pero no vieron nada. Entonces una sombra se desplazó al lado del Rey Elodin y una afilada uña rozó su garganta. Momentos más tarde, apareció una mujer al lado de Lilia mientras le acariciaba el mentón con la uña.

 -Vaya, vaya, vaya… la familia está peleada – sonrió la misteriosa mujer

. -¿Quién eres? –preguntó el Rey Elodin

-Me parece que no tienes porqué saberlo….soy a la vez algo bueno y algo malo…aunque, lo bueno será para mí –sonrió la misteriosa mujer-. Me llamo Katsa. Me parece que no me conocéis pero yo os conozco a vosotros dos muy bien… -dijo señalándolos-.

Una oscura aura rodea a Katsa.

-Habéis sido muy malos. Y no sólo tú, Elodin… -Katsa miró a Lilia-. Tú tampoco te libras de toda la culpa. Lilia la miró sin entender nada de lo que sucedía a su alrededor.

-No pongas esa cara… -Katsa se situó detrás de Lilia-. Aunque pensándolo bien… me gusta cómo te queda… -Sacó una daga y la colocó en la mejilla izquierda de Lilia tan fugazmente que ninguno de los presentes la vió-. Ahora voy a transmitir el mensaje que me han dado: ‘‘Debes pagar por lo que me hiciste sufrir” –dijo mirando a Elodin-. “Aún no te he perdonado’’ –Katsa se rio -.

El Rey Elodin se puso pálido pero recobró la compostura rápidamente

 - Transmítele este mensaje a quien te haya enviado: Si crees que así me vas a poder hacer daño, estás equivocado –dijo impasible-.

-Puede que ahora no te duela, pero más adelante si…-dijo Katsa presionando la daga contra la mejilla de Lilia.

Con un rápido movimiento la daga cortó a mejilla y empezó a salir sangre, de ahí, apareció un remolino que lo envolvió todo.

-Sangre real… sangre de esta chiquilla… que esta sangre te maldiga –comenzó a decir Katsa-. Que esta sangre haga que nunca recibas amor, que los de tu sangre te repudien, que el reino se hiele como signo de tu corazón helado.

Después de esto Lilia se desmayó, por suerte Karin estaba atenta y la cazó a vuelo, protegiéndola del frio y duro suelo de mármol, después se la llevó a su habitación a toda prisa. A medida que iba cantando, una capa de hielo iba cubriendo toda la estancia, extendiéndose hacia todo el reino de Icekalia.

Antes de apartar la mirada, Karin vio que la bruja Cassandra, la cual había estado observando la escena en silencio, se estaba riendo por lo bajo ahora, con una sonrisa malévola; luego Katsa se desvaneció en un soplo de helado viento hibernal.

Cuando Karin entró en la habitación de Lilia, la depositó en la cama y buscó con prisa todas las mantas que encontró, y abrigó tan bien como supo a su querida princesa. Después de buscarse abrigo para ella esperó pacientemente mirando el firmamento, lleno de plateadas estrellas, a que Lilia se despertara

Después de esto, Lilia abandona la estancia. Karin la sigue, echando una mirada atrás. Antes de apartar la mirada, Karin ve que la bruja Cassandra se esta riendo silenciosamente, con una sonrisa malévola.

Cuando Karin entra en la habitación de Lilia, la ve en la ventana, mirando el firmamento, lleno de estrellas.

Karin se acerca a Lilia y, poniéndole la mano en el hombro, le dice:

-Esto no puede quedar así Lilia –dice Karin-. No puedes estar para siempre aquí encerrada, sin libertad. Eres joven, guapa y una chica que tiene una mentalidad que no es propia de ella. No se como puedes estar aguantando esto, todo este suplicio... –suspira Karin-. Necesitas ver mundo…ya casi vas a cumplir 18 años, y serás dueña de tus propias decisiones: decidirás con quien casarte.

- Pero  yo no quiero casarme... –Dice Lilia-. No quiero verme atada a un persona que no quiero, además no me siento preparada…

Karin se queda pensativa

-Yo…odio verte así, princesa… -dice Karin-. Pero tengo una idea, podemos hacer algo para que todo esto se acabe.

- ¿Y como vas a hacer que esto acabe? –Dice Lilia con lagrimas en los ojos-. Su poder llega a muchos lados, no tengo escapatoria…me rebelo y ya has visto como me lo hace pagar… Él se cree que aun sigo siendo aquella niña pequeña, aquella que no hacia nada…sumisa…

-Shh… –Karin acaricia el pelo de Lilia-. Tengo una idea de cómo escapar.  El castillo esta lleno de trampillas, pasadizos secretos y puertas ocultas. Solo unas pocas criadas conocemos el camino… nos escaparemos al anochecer. Pero antes…

Karin sale de la habitación de Lilia y vuelve con una caja grande y con un lazo fucsia.

-¿Qué es eso? –pregunta Lilia curiosa

- Algo que te ayudara un poco –comenta Karin.

Lilia hizo un gesto de extrañeza, pero sin decir nada, desató la cinta y el lazo (para más tarde añadirlos a su pequeña colección) y, finalmente, quitó el papel que envolvía a la gran caja: dentro había un precioso gatito negro.

-Le voy a llamar Blacky –dice la princesa

Lilia pone a Blacky en su regazo y, emocionada, abraza a Karin

- Bueno, y este es el plan… -susurra Karin-. Cuando sea medianoche, saldremos por unos pasadizos que nadie utiliza, iremos al establo donde ya he pedido que ensillen a dos caballos y nos iremos.

Llegada medianoche, y ya con las bolsas preparadas (muy pocas, ya que no podían llevarse mucha cosa) salieron por los recónditos pasadizos y, en el establo, se montaron en los caballos y partieron lejos del castillo O’godins.

Lilia quería huir de ahí. Galopaba como si estuviese poseída. No se lo podía creer: ¡era libre!

Así, cruzaron el valle Mas d’Avall. Sin dirigir la vista atrás. Si, Lilia estaba renunciando a muchas cosas, pero no eran tan importantes como su libertad, ni como el hecho de escapar de una situación muy difícil de manejar, por no decir casi imposible.

Llegaron al límite del bosque Amanyastia, donde dejaron que los caballos descansasen un poco. Karin baja del caballo y se acerca a Lilia

- ¿Quieres algo de comer? –dice Karin señalando la alforja

Lilia no dice nada, se queda mirando la luna llena.

- Creo que seria mejor que continuásemos… -dice Lilia-. Quiero alejarme lo más lejos posible de estas tierras…

- No lo recomiendo –dice Karin-. El bosque puede ser peligroso de noche

- Si, pero más peligroso será quedarnos aquí –objeta Lilia

Karin se vuelve a montar en el caballo, y se adentran en el bosque Amanyastia.

Se empezaron a escuchar ruidos extraños y gemidos. Apenas podían ver a 2 pasos de si mismas y, de repente, vieron una sombra o algo moverse cerca de los árboles que desapareció en cuestión de segundos.

Algo o alguien estaba ahí, pero no sabían el que…

Entonces, esa sombra atacó. Derribó a Karin y fue directa a Lilia. Lilia giró el caballo, poniéndose de cara a aquello que iba a por ella, y no pudo hacer nada más que mirar, presa de unos ojos negros como la boca del lobo que la paralizaban.

 

(Continuará)

Próximo Capitulo: Rescate (continuación de El Comienzo)

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